El infierno de buscar trabajo: cientos de currículums y largas esperas

En dos años y medio de gobierno libertario se perdieron más de 340 mil trabajos formales. El empleo “refugio”, última trinchera para sostener ingresos, también se derrumba. Un tercio de los despedidos tardan un año en encontrar un nuevo puesto. ¿Cómo es salir a buscar trabajo en la Argentina de Milei? El crudo relato de los desocupados.

Durante más de una década, Maximiliano M. trabajó como abogado en un organismo estatal encargado de regular y controlar a múltiples empresas. Desde que accedió al empleo en 2014 obtuvo ascensos y reconocimientos, recibió capacitaciones y llegó a quedar a cargo de un área entera. Sus jefes lo impulsaron a profundizar sus estudios con una maestría y habitualmente destacaban su labor. Pero a mediados de 2025, mientras se encontraba de vacaciones, fue despedido junto a una decena de compañeros. Entonces, comenzó un verdadero infierno: la carrera por encontrar un empleo antes de que se agotaran la indemnización y los ahorros, y mientras mes a mes son cada vez más los trabajadores que se caen del sector formal.

Como él, miles de argentinos navegan a diario por decenas de portales especializados en búsquedas de empleo, pasan largas horas frente a la pantalla en redes sociales como Linkedin, destinan su tiempo a enviar currículums por mail y llevarlos presencialmente a empresas o comercios, incluso sin la esperanza de obtener una respuesta, van a ferias estatales que promocionan contrataciones directas y les cuentan a sus conocidos y allegados que están en busca de trabajo, como si se tratara de una botella arrojada al mar con esperanza.

Pero aún así, muchos naufragan en un mar de incertidumbre, en un contexto donde la competencia por un puesto en relación de dependencia en el sector formal con vacaciones pagas, aguinaldo y obra social es feroz, incluso aunque el salario esté muy por debajo de lo necesario para vivir con dignidad.

“Es un contexto de mucha crueldad, muchos no te pueden ayudar, la contratación en blanco, con aportes y obra social, es muy difícil”, cuenta a Página/12 el abogado, padre de dos hijos pequeños, que estuvo un año desempleado, estirando la indemnización para llegar a fin de mes, hasta que accedió a un empleo en un puesto similar, aunque con un salario inferior y peores condiciones de contratación. En ese período, tuvo trabajos freelance, aunque sin alcanzar un gran flujo de clientes. “Es desesperante. Tengo la fortuna de haber conseguido un nuevo empleo, pero es de peor calidad que el anterior, tengo menos derechos”, cuenta.

San Cayetano, yo te pedí una mano

Así las cosas, este viernes el santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, registró una masiva convocatoria de fieles que llevaron una plegaria para pedir empleo al santo al que la tradición católica asocia con el pan y el trabajo. Desde la madrugada hubo largas filas para entrar a la iglesia y se oyeron críticas al gobierno por la crisis económica.

Como cada año, San Cayetano se transformó en una caja de resonancia de las principales preocupaciones de miles de personas: la falta de trabajo, el deterioro del poder adquisitivo y la ausencia de expectativas positivas de cara al futuro.

“Todos los años nuestro pueblo se manifiesta enormemente, muchos para agradecer, otros para pedir más y mejor trabajo. También para tratar de tener un trabajo más digno, llegar a fin de mes, o por la enorme preocupación de la gente por los créditos con los que se han endeudado y los asfixian, son muchas las preocupaciones de la gente”, declaró el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva.

La casta eran los trabajadores

Desde noviembre de 2023 se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados en unidades productivas, a razón de 385 por día, según datos del Centro de Economía Política (CEPA) basados en información oficial que brinda el Estado a través de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT). Los principales rubros afectados son la industria, la construcción y el comercio.

La radiografía muestra una fractura del mercado laboral: en el primer trimestre de 2026 el desempleo trepó al 7,8 por ciento, según datos del Indec. A finales de 2023 alcanzaba al 5,7 por ciento. En estos dos años, la informalidad saltó del 35,7 al 44,2 por ciento.

La desocupación se siente con fuerza en el Conurbano, donde ascendió al 9,7 por ciento, impulsada por el cierre de pymes y comercios y el derrumbe de la obra pública; aunque la región con mayor desempleo es San Nicolás-Villa Constitución, donde alcanzó al 10,4 por ciento de la población económicamente activa, que responde a una crisis profunda del cordón siderúrgico y metalúrgico. La firma Acindar, motor productivo en la zona, redujo su producción a la mitad y despidió en los últimos años a más de 600 empleados y alcanzó acuerdos de retiros voluntarios.

En la Argentina de Javier Milei la industria perdió 52 mil puestos de trabajo el último año, de acuerdo con un informe elaborado por el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA). Desde agosto de 2023, la pérdida asciende a casi 90 mil puestos en el sector industrial.

Incluso se vieron afectados empleos en los rubros “estrella”, que según el gobierno serán el motor económico del país a futuro, como minería y petróleo: entre diciembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron 8.532 puestos, según datos de la Secretaría de Trabajo. En 2025, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, había prometido que la minería generaría una reactivación del empleo, con un millón de puestos. Pero en Chile, donde la industria minera es fomentada hace décadas por el Estado, hay alrededor de 300 mil puestos.

Y mientras el gobierno fomenta el discurso de que los desocupados busquen alternativas en el sector petrolero, mudándose a ciudades cercanas al yacimiento de Vaca Muerta, en Neuquén, el intendente de Añelo, Fernando Banderet, pidió recientemente a quienes buscan una salida laboral que no se muden con sus familias a la zona porque que no hay tantos puestos disponibles y la infraestructura no es suficiente. Especialistas como Hernán Letcher, del CEPA, han asegurado que es imposible que sólo dos rubros puedan absorber los más de 300 mil empleos perdidos.

El investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA – Autónoma, Luis Campos, afirma que las peores tendencias del mercado laboral se intensificaron en los últimos dos años, aunque señala que “hace muchos años no se genera empleo formal de manera sostenida”. “La situación ya estaba mal en 2023, pero ahora se potenció mucho”, advierte el experto en diálogo con Página/12.

Campos señala que el mercado laboral seguirá deteriorándose. “Los sectores ganadores del actual modelo son muy claros: el gobierno dice que Argentina tiene que enfocarse en minería, agroindustria a gran escala, petróleo y gas y a lo sumo economía del conocimiento. Pero son sectores que no demandan muchos puestos de trabajo”.

Si el gobierno logra consolidar el proceso de reestructuración general de la economía, las consecuencias excederán una crisis coyuntural y a futuro el panorama será aún más desolador. Campos avizora que “sobrarán muchos millones de personas”. “¿Y qué harán? Hacer lo que encuentren. La mayoría de la población vivirá mucho peor”, enfatiza.

Filas, angustia y decepción

Buscar trabajo en Argentina se ha transformado en un verdadero infierno. Según el informe Mercado de trabajo del Indec del cuarto trimestre de 2025, publicado en marzo de 2026, un tercio de las personas con búsquedas activas (30,9 por ciento) demora más de un año en encontrar un nuevo empleo. El 24,6 tarda de uno a tres meses; el 15,9 de los desocupados lleva buscando menos de un mes; el 14,9 tarda de tres a seis meses y el 13,7 restante lleva entre medio año y un año buscando.

De acuerdo con los indicadores, casi un tercio de los desempleados enfrenta situaciones de desocupación de larga duración. Y los jóvenes son los más afectados: el 51 por ciento de los desocupados argentinos tiene entre 14 y 29 años, la mayoría son hombres (27,9 por ciento frente a 23,1 por ciento).

También aumentó la cantidad de personas que llevan más de un año buscando empleo (del 27,6 al 30,9 por ciento entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025), y se registró un aumento en las búsquedas recientes: el segmento de quienes buscan hace menos de un mes subió del 13,2 al 15,9 por ciento en un año, un reflejo más de la pérdida de empleo reciente.

“Estoy buscando trabajo hace tiempo, y aunque aparecen ofertas, nunca te llaman. Es muy complicado sostenerse, tiro currículums por todos lados pero no pasa nada”, cuenta a Página/12 Daniel, desocupado hace siete meses, cuando lo despidieron de una empresa de logística en la que era empleado hace ocho años.

Y aunque tuvo algunas entrevistas, “no hay caso”, dice. “El día a día es difícil”, asegura, “es una constante de pensar qué hacer, intenté salir a vender cosas a la calle, pero tampoco es sencillo. Si bien tengo casa propia, se hace muy complicado llegar a fin de mes, tengo tres hijas”, relata.

A Daniel, además, le da bronca encontrar carteles en comercios y empresas que rezan “se necesita empleado con ganas de trabajar”. “Yo hace siete meses estoy sin trabajo y tengo muchas ganas, es difícil ver esos mensajes. En este tiempo me endeudé. Y veo que hay gente que está peor, como dice Guido Kaczka, ‘estoy mal pero no tan mal’. Para comprar comida y servicios necesito ganar 1.200.000, pero los sueldos que se ofrecen son de 800.000, 700.000, tengo conocidos a los que les ofrecieron 450.000 por ocho horas”, asegura.

El empleo refugio también se desploma

En la actualidad hay aproximadamente la misma cantidad de asalariados registrados que en 2014, pero aumentó la cantidad de trabajadores que se incorporaron al mercado. “Principalmente fueron a trabajar por cuenta propia, que es lo que está creciendo en el gobierno de La Libertad Avanza”, sintetiza Campos.

La caída del empleo formal coincide con el desplome del consumo, la apertura indiscriminada de importaciones y la falta de competitividad, que han afectado a miles de compañías. De acuerdo con el CEPA, entre noviembre de 2023 y abril de 2026 cerraron 28.262 empresas, alrededor de 30 por día.

Y aunque el presidente Milei ha celebrado en varias ocasiones que en su gobierno se crearon más de 110 mil empleos, se trata de trabajo en el sector informal (cuentapropistas que se inscribieron en el monotributo y los informales totales), como choferes y repartidores en aplicaciones. Y además, esa trinchera que operó como el último refugio frente a la pérdida de un trabajo en relación de dependencia también comenzó a desmoronarse: según datos oficiales, en abril el monotributo registró una caída de 11 mil puestos.

“Son estrategias de supervivencia”, dice Campos. “Es salir a hacer lo que se pueda. Venta ambulante, manejar un Úber, preparar comida en casa y venderla en redes sociales o entre conocidos”, enumera. “Hay un deterioro muy fuerte del mercado laboral, y puede que por ingresos haya más trabajadores por encima de la línea de pobreza, pero porque trabajan más horas o tienen peor cobertura social, con menos derechos laborales, sin vacaciones ni aguinaldo y si se enferman no pueden trabajar y no cobran”, analiza.

Alcanza con levantar la cabeza en las calles, donde hay cada vez más vehículos de apps de traslado de pasajeros, con choferes agotados que conducen hasta 16 horas de corrido para reunir una cantidad de dinero que justifique poner el auto en marcha; y cada día se observan miles de motociclistas con mochilas de reparto de comida que invaden las calles en los principales centros urbanos.

Sin embargo, la rentabilidad está por el suelo debido a la caída de la demanda producto de la crisis de consumo, un exceso de oferta de conductores y repartidores y el aumento de costos fijos, como el combustible, que sólo en lo que va del año se incrementó un 30 por ciento. A finales de julio, la Fundación Encuentro precisó que un repartidor debió completar 453 pedidos para reunir $ 1.531.473, equivalente al costo de la Canasta Básica Total.

Según el Sindicato de Base de Trabajadores por Aplicación hay alrededor de un millón de trabajadores entre todas las apps. Aunque muchas no dan números oficiales, Cabify reportó un aumento de 30 por ciento de conductores, y Rappi del 38 por ciento de los repartidores durante el último año.

El informe “Radiografía del trabajo mediado por plataformas en Argentina”, elaborado por investigadoras del Conicet y el Instituto Gino Germani, indica que un tercio de los trabajadores de apps tiene además un empleo en relación de dependencia y más de la mitad tienen otros trabajos por fuera de esas aplicaciones.

“Es frustrante enviar currículums y que no pase nada”

Elizabeth, de 55 años, busca empleo hace ocho meses. Durante años trabajó en comercios, fue recepcionista, tuvo un local propio y trabajó de forma independiente, tiene múltiples estudios y capacitaciones. Pero aún así, no logra ni siquiera que la llamen para una reunión. “Mandé cientos de currículums, pero es muy frustrante, yo tengo capacidad de trabajo y experiencia”, relata a Página/12.

A finales de julio fue a Expo Empleo Barrial, una feria organizada por el gobierno porteño donde empresas privadas ofrecían 400 puestos y se inscribieron 5.000 personas. “Quiero seguir superándome, pero la situación te tira para atrás. Hoy el sueldo que ofrecen es de un millón de pesos, que no es mucho, pero sirve antes que nada”, dice, y resume el pesar de estar desocupada: “El día a día es difícil”.

Mil currículums y ningún empleo

En redes sociales son cada vez más los mensajes y consultas por búsquedas de trabajo. En Reddit, un foro comunitario con miles de usuarios, cientos preguntan qué estrategias utilizan para conseguir un empleo. “¿Está bien $850 mil por seis horas?”, consulta una persona que trabaja en una pyme haciendo múltiples tareas; “llevo un tiempo mandando currículum a varias búsquedas y la mayoría ni siquiera contesta”, cuenta otro; “ya no sé qué hacer, no me toman en ningún lado, salgo a tirar CV y nada”, relata otra; “¿Cómo hicieron ustedes? Estoy frustrado y harto”, lamenta otro.

Página/12 abrió una consulta allí y en pocas horas obtuvo cerca de 100 relatos de trabajadores que buscan una oportunidad laboral y día a día naufragan en la búsqueda. “¿Qué tan difícil es encontrar empleo en Argentina?”, preguntó este diario.

“Llevo más de 1.000 currículums enviados en seis meses. Tengo 15 versiones del CV adaptadas para diferentes rubros, como limpieza, administrativo, recepción, atención al cliente”, cuenta a este diario una joven de 23 años que vive en zona sur y prefiere resguardar su nombre.

Además, cuestiona la utilización de inteligencia artificial en áreas de Recursos Humanos. “No sólo se encargan de leer tu currículum, sino también de entrevistarte. Es inhumano que tu próximo empleo dependa de un robot. Los jóvenes recibimos ofertas de trabajos por comisión, siempre con un mensaje largo donde nunca aparece una remuneración, pero sí ‘premios’”.

Ella asegura que muchos jóvenes se sienten parásitos al no poder independizarse, más aún al comparar su situación con la que atravesaban sus padres a su misma edad. “Resulta imposible ahorrar si no conseguimos un trabajo en esta edad donde tenemos tiempo y todas las ganas de aprender”, sintetiza.

Otro usuario, anónimo, agrega: “En carne propia te puedo decir que perder un laburo es como si te cortaran una parte de tu cuerpo y esa no es la parte más dolorosa: es muy difícil conseguir otro”.

Nathalie, una freelancer de 36 años que dicta clases de inglés, busca empleo para complementar sus ingresos. “Muchos alumnos dejaron porque no tenían dinero. Empecé a buscar trabajo en el exterior porque en Argentina no encuentro ofertas, tengo formación. Siempre estoy buscando y moviéndome, pero se vuelve agotador. La situación está muy complicada, mi poder adquisitivo se redujo de manera considerable”.

Maximiliano repasa sus doce meses sin empleo y con ingresos ínfimos. “La situación es tremenda. Nos quieren desesperados, endeudados, con hambre. Es desesperante porque el contexto no ayuda para nada. Es una angustia pensar cómo pagar las cuentas mes a mes”, reflexiona. “Así, nadie decide bien en su vida. Es como la canción de No te va a gustar: con hambre no se puede pensar”.

Fuente: P12

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