Petróleo, gas y uranio: el botín que busca Trump en Irán

Los ataques de Washington sobre Teherán forman parte de una estrategia política que busca hacer frente al incipiente declive energético al que se deberá enfrentar EE.UU. con el ocaso del ‘fracking’.

Ocurrió antes en Caracas, ahora en Teherán. EEUU ataca junto a Israel el Estado de Irán y trata de derrocar el régimen teocrático. Pero el asesinato del ayatolá Ali Jameneí poco tiene que ver con un proceso de democratización en el país persa. El interés de Washington reside, en realidad, en los recursos naturales del territorio islámico, que posee una de las mayores reservas de petróleo y gas natural, controla el estrecho de Ormuz –uno de los enclaves críticos en el transporte de hidrocarburos– y tiene en marcha un programa nuclear que Trump y Netanyahu siguen muy de cerca.

“Resulta bastante evidente que detrás de la motivación del ataque a Irán están los hidrocarburos y, más en concreto, las reservas de petróleo y de gas que atesora”, declara a Público Luis González, portavoz de Ecologistas en Acción. De acuerdo con el informe Statistical Review of World Energy del Instituto de Energía, produjo el 5,2% del petróleo mundial. Fue junto a Irak el quinto mayor productor, tan solo por detrás de EEUU (15,9%), Rusia (12,3%), Arabia Saudí (11,1%), y Canadá (6,2%).

En cuanto al gas natural, Irán ocupa el cuarto lugar en el ranking con una producción del 5,1% en el 2024. Sigue así a EEUU (49,2%), Arabia Saudí (11,7%) y Canadá (5,3%). No obstante, Antonio Turiel, físico e investigador del CSIC, matiza que el país no juega un papel tan relevante en materia gasística porque “no tiene una gran capacidad exportadora”. En conversación con este medio, explica que “la mayoría del gas lo exporta por un gasoducto que va hacia Turquía y luego tiene la exportación que tiene de gas natural licuado (GNL), como otros países, pero comparación con el resto de la zona, no es un gran exportador porque no tiene infraestructuras suficientes”.

La pugna de Trump por el control de los recursos

Un análisis del Real Instituto Elcano –realizado semanas antes de los últimos bombardeos sobre Irán–, apunta que las exportaciones de gas “tienen crecientes dificultades para cumplir los contratos con Armenia, Turquía y, hasta la reciente imposición de sanciones estadounidenses, con Irak”. El mismo estudio remarca que “las sanciones estadounidenses al petróleo iraní exigen descuentos al alza en el precio de sus exportaciones, mayoritariamente destinadas a China, que alcanzaron los nueve dólares por barril en enero de 2026”.

La política de sanciones de EEUU es una estrategia más en su pugna por el control de los recursos. Sus ofensivas en este horizonte no han cesado desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025. Desde sus anhelos expansionistas hacia Groenlandia –vergel de minerales estratégicos y tierras raras– hasta el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela –donde se encuentra de una de las mayores reservas de petróleo, además de coltán y oro–.

El declive energético de EEUU frente a China

De acuerdo con Turiel, los últimos ataques contra Irán tienen que ver con “reforzar la hegemonía de Israel en la zona”, pero sobre todo, con “garantizar el acceso privilegiado a los recursos del petróleo, igual que han hecho en Venezuela, porque Estados Unidos empieza a tener un problema muy serio”. Y es que la gran apuesta de EEUU durante las últimas décadas ha sido el fracking o fracturación hidráulica. Esta técnica consiste en perforaciones profundas del suelo y quebrar las rocas subterráneas, conocidas como shale, para extraer de ellas gas natural y petróleo. Pero “los pozos de fracking van a entrar en declive” muy pronto, adviete el experto.

La Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) prevé una “moderada” reducción de crudo para el 2026. En concreto, la entidad pronostica una producción media de 13,5 millones de barriles diarios, 100.000 menos con respecto al promedio de 2025. La empresa de inversión Goehring & Rozencwajg, dedicada a la investigación en el sector de los recursos naturales, también apuntaba en su informe del pasado mes de agosto que la industria estadounidense podría estar acercándose a su “crepúsculo”.

El declive del fracking no es ajeno a la Administración Trump, que ve a China como su principal competidor como potencia mundial. “China es claramente un elemento a batir”, destaca Luis González. El gigante asiático “importa una cantidad elevada de sus hidrocarburos, que es deficitario”. En este sentido, el ecologista analiza que la estrategia trumpista no solo consiste en aglomerar recursos, sino también en impedir que sus contrincantes geopolíticos puedan acceder a ellos.

¿Una amenaza nuclear?

El gas natural y el petróleo no son los únicos recursos de Irán. El país persa inició en los años cincuenta su programa nuclear. De hecho, es junto a Emiratos Árabes Unidos el único estado de Oriente Próximo con generación de energía atómica –si bien apenas representa el 0,6% de la producción mundial–, según el Instituto de Energía. Israel y EEUU ya atacaron Irán el pasado mes de junio. La justificación de los beligerantes fue que pretendían frenar el desarrollo de armas nucleares, aunque estas no han sido encontradas ni declaradas por parte de Teherán.

De acuerdo con informaciones oficiales del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Irán ha declarado 22 instalaciones nucleares. Un informe de mayo de 2025 de la entidad destacaba que “la rápida acumulación de uranio muy enriquecido es motivo de grave preocupación” y señalaba que Irán era “el único Estado no poseedor de armas nucleares del mundo que está produciendo y acumulando uranio enriquecido al 60%”, un nivel cercano al necesario para la fabricación de armas. No obstante, el mismo documento recalca que el OIEA “no tiene indicios creíbles de que en el Irán se esté llevando a cabo un programa nuclear estructurado no declarado”.

El programa nuclear iraní “es un elemento que ha estado detrás de los conflictos constantes con el país persa”, valora el portavoz de Ecologistas en Acción. Se trata de “intentar que Irán no tenga la capacidad de fabricar la bomba nuclear –como parece que tiene Israel y que desde luego tiene Estados Unidos–”. En los ataques del 2025, se reportaron daños en las instalaciones de Natanz e Isfahán, pero no el OIEA informó de que no hubo accidentes radiológicos. Ante la escalada bélica de Israel y EEUU contra Irán, el papel de la energía atómica en el país persa recupera su centralidad, aunque sea como justificación de ataques enmarcados en una pugna por el control de los recursos naturales.

Fuente: P12

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