Una nueva investigación internacional aporta evidencia sobre qué acciones cotidianas pueden marcar una diferencia significativa en la protección de la salud cerebral a largo plazo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año hay casi diez millones de casos nuevos de demencia. Se trata del resultado “de diversas enfermedades y lesiones que afectan el cerebro”.
Un hallazgo científico reciente puso el foco en hábitos cotidianos que pueden marcar la diferencia mucho antes de que surjan los primeros síntomas.
Actividad física y sueño: dos aliados en la prevención de la demencia
Un equipo liderado por Akinkunle Oye-Somefun en la Universidad de York (Canadá) analizó millones de casos en una revisión sistemática y metaanálisis publicados en la revista PLOS One. La actividad física regular y dormir las horas recomendadas se asocian con un menor riesgo de demencia en la edad adulta.
El estudio revisó datos de 69 investigaciones de cohortes prospectivas, recopilando información de adultos mayores de 35 años que vivían en comunidad. Los comportamientos evaluados fueron tres: actividad física, sedentarismo y duración del sueño. Los participantes, cognitivamente sanos al inicio, fueron seguidos durante años para registrar la aparición de la enfermedad.
La actividad física regular se asoció con un riesgo promedio un 25% menor de demencia entre los 49 estudios analizados. Esta reducción del riesgo se mantuvo incluso en poblaciones diversas y con largos periodos de seguimiento. En palabras de los autores: “Nuestros hallazgos sugieren que comportamientos cotidianos como la actividad física, el tiempo que se pasa sentado y la duración del sueño pueden estar relacionados con el riesgo de demencia a lo largo de la vida”.
Fuente: Infobae