Un estudio realizado en el Sanatorio Anchorena San Martín y publicado en Critical Care analizó el impacto de las caminatas terapéuticas en pacientes internados en terapia intensiva. Los resultados mostraron mejoras en el bienestar emocional y una reducción significativa de la ansiedad y la depresión.

Un paciente internado en una unidad de terapia intensiva suele estar asociado a una habitación, monitores, respiradores y una atención permanente. Sin embargo, una investigación realizada por especialistas argentinos plantea una mirada diferente sobre el cuidado de las personas en estado crítico.
El trabajo fue realizado por un equipo interdisciplinario del Sanatorio Anchorena San Martín y publicado en la revista científica especializada Critical Care. Entre enero de 2023 y abril de 2024, los investigadores estudiaron el efecto de las denominadas caminatas terapéuticas en pacientes internados en terapia intensiva.
En condiciones estrictas de seguridad, los pacientes fueron trasladados en silla de ruedas hasta el jardín contiguo a la unidad de cuidados intensivos. Las salidas tuvieron una duración de 25 minutos y se realizaron en el marco de un protocolo de ensayo clínico.
“Casi no hay publicaciones que evaluaran esto, de hecho la nuestra es la primera en Argentina. Diseñamos el estudio siguiendo el método científico. Evaluamos a 41 pacientes que llevaban al menos 10 días en la terapia y el 73% de ellos habían estado conectados a un respirador por siete días. La mayoría estaban internados por cirugías abdominales, cirugías cardíacas y coma”, explicó Matías Accoce, jefe de Kinesiología del sanatorio y uno de los autores del estudio.
Mejoras en el estado de ánimo y menos ansiedad
Durante el estudio, los 41 pacientes participantes salieron al menos una vez al jardín. En ocho de cada diez casos estuvieron acompañados por familiares. Junto a ellos, participaron de las salidas un kinesiólogo, un médico y un enfermero y, en algunos casos, también una psicóloga.
Después de las caminatas, los pacientes completaron una planilla sin la presencia del equipo médico, para respetar el procedimiento de “evaluación ciega”. Allí calificaron su autopercepción sobre el estado de salud y el estado de ánimo en una escala del 1 al 10.
Los resultados mostraron que el 58,5% de los pacientes mejoró al menos un punto en esa escala. En tanto, el 31,7% no registró variaciones y el 9,8% manifestó sentirse peor.
El estudio también detectó reducciones estadísticamente significativas en los niveles de depresión y ansiedad. A su vez, no se registraron eventos adversos durante las caminatas y ninguna de las salidas debió ser suspendida por motivos de seguridad.
“Obtuvimos resultados alentadores que coincidían con lo que veíamos”, señaló Accoce.
Según el especialista, los pacientes que presentaban una peor percepción de su estado de ánimo o mayores niveles de depresión antes de la intervención fueron quienes más se beneficiaron de las salidas.
El impacto de los vínculos durante la internación
Para los especialistas que participaron del trabajo, el componente emocional es un aspecto relevante de la recuperación de quienes atraviesan una internación prolongada en terapia intensiva.
“Cuando sale del respirador y los kinesiólogos intervenimos en la fase de recuperación motora, la voluntad del paciente y el acompañamiento de los familiares es clave. Para el paciente, sentarse en la cama es como salir a correr 10 minutos. Por eso, por ejemplo que el familiar lo aliente y le diga ‘Dale, desayunás sentado y yo desayuno con vos’, ayuda un montón. Es muy grande el impacto positivo de algo tan simple como decirle ‘Sentate, mañana te pasamos a la silla de ruedas y te sacamos al patiecito”, explicó el licenciado en Kinesiología.
Accoce también recordó el caso de uno de los primeros pacientes que participaron de una caminata terapéutica. Había atravesado una cirugía abdominal y había permanecido conectado a un respirador.
“Nos dijo: ‘No lo puedo creer, nunca pensé que el sol me iba a volver a dar en la cara’. Y hubo un cambio radical en su recepción a su recuperación, más allá del dolor y del cansancio, entendió que era por ahí”, relató.
Los investigadores aclaran que el estudio no permite establecer una relación directa entre las caminatas y la recuperación clínica general, debido a la multiplicidad de factores que intervienen en la evolución de una persona internada en terapia intensiva.
“Ya que todo lo que le pasa a un paciente en la UTI es tan multifactorial que es complejo atribuirlo a una sola intervención”, explicó Accoce.
Sin embargo, existe un dato objetivo dentro del grupo estudiado: todos los pacientes que participaron del protocolo fueron dados de alta.
El Programa de Salidas Terapéuticas continúa
Una vez finalizado el ensayo clínico, el Sanatorio Anchorena San Martín decidió mantener las caminatas y las incorporó como una práctica protocolizada bajo el nombre de Programa de Salidas Terapéuticas.
Las salidas se realizan cuando las condiciones climáticas lo permiten. Durante el invierno se suspenden debido a las bajas temperaturas, mientras que en verano se limitan los días en los que hace demasiado calor.
Después de los 41 pacientes incluidos en la investigación, otras 50 personas internadas en la Unidad de Terapia Intensiva y en la Unidad Coronaria participaron del programa durante el año siguiente. De esta manera, alrededor de un centenar de pacientes ya formaron parte de esta experiencia.
La participación está regulada y depende de las condiciones clínicas de cada persona. Además, la psicóloga que integra el equipo interviene para identificar a los pacientes que podrían obtener mayores beneficios de este tipo de intervención.
Según Accoce, se trata de una intervención costo-efectiva, aunque su principal dificultad para ser implementada está relacionada con los recursos humanos. Para realizar cada salida es necesario contar con un médico, además de los demás integrantes del equipo, sin afectar la atención del resto de los pacientes internados.
La prioridad, remarcó el especialista, continúa siendo la seguridad de todas las personas que permanecen en la unidad.
Hacia una terapia intensiva más humanizada
Las caminatas forman parte de una concepción de las unidades de terapia intensiva centrada en el paciente y su entorno familiar. Este modelo busca complementar la atención de las funciones vitales con medidas destinadas a preservar los vínculos, el bienestar emocional y la orientación de las personas internadas.
“Cada vez más terapias están adoptando cuidados humanizados y ya se habla de HU-CI, que apunta a este concepto de cuidados centrados en el paciente y en la familia. Los familiares son parte del cuidado y siempre que es posible en el marco de la seguridad participan en su rehabilitación, se quedan con el paciente sentado o lo ayudan a mover la mano. También pueden ingresar irrestrictamente respetando las normas e incluso dormir a la noche en un silloncito”, explicó Accoce.
Otro de los aspectos que el equipo considera fundamental es respetar los ciclos de sueño y vigilia. La permanencia en habitaciones sin ventanas, con iluminación artificial y ruido constante puede dificultar la percepción del paso del tiempo y favorecer trastornos del sueño y desorientación.
“Estás en una habitación sin ventanas, con un tubo fluorescente, ruidos… Perdés noción del día y de la noche y esto provoca trastornos del sueño y desorientación. Se ve mucho el síndrome post terapia intensiva en los que salen”.
Como parte de este abordaje, en las habitaciones se colocan relojes para que los pacientes puedan conocer la hora y se evita despertarlos durante la noche para realizar tareas que pueden postergarse.
También se trabaja sobre la ubicación temporoespacial. Cada integrante del equipo que ingresa a la habitación se presenta, identifica el día y explica al paciente qué actividad realizará.
“Hola Juan, yo soy Matías, el jefe de Kinesiología, hoy es martes y vengo a ayudarte a sentarte”, ejemplificó Accoce.
“Cada pequeña medida suma a cambiar la experiencia del paciente. Más UTI están avanzando en no sólo mantener las funciones vitales sino en preservar los vínculos de esta persona que está grave y con riesgo de vida. Dar esta contención mejora un montón los resultados a largo plazo”, concluyó.
Fuente: Clarín.