La IA como arma letal de los coroneles de Silicon Valley

En EE.UU. las big-tech pasan a integrar las fuerzas armadas en un nuevo complejo militar-digital que se hizo visible en los bombardeos a Gaza e Irán.

Javier Milei y Peter Thiel -creador de la empresa de vigilancia global Palantir- están haciendo negocios con la seguridad y la intimidad de los argentinos. El Presidente recibió el jueves pasado en la Casa Rosada al magnate ultraderechista y pope de la tecno-vigilancia global mediante análisis de big data. Trascendió que se avanza en la contratación de la empresa para hacer trabajos de inteligencia como los que le ofrece al gobierno de EE.UU.: Trump le entregó a la empresa las bases de datos casi completas de la CIA y de agencias como el ICE, encargadas de expulsar inmigrantes. Fueron un total de 26 mega archivos con datos que el software de Palantir cruzó. ¿Qué hace la empresa con todo esto? Básicamente, vigilancia y planes de acción, sobre todo para la guerra.

Para adelantar qué usos puede tener esta tecnología en Argentina, se puede observar lo que sucede en el resto del mundo donde opera la empresa.

La letalidad del algoritmo

El primer uso masivo de IA para la selección de blancos de misil sin intervención humana en la historia fue durante la destrucción de la Franja de Gaza. Esto entrenó la letalidad de los algoritmos que llegaron potenciados a la guerra en Irán, aún sujetos a fallas probabilísticas. No está comprobado aun si la escuela iraní donde EE.UU. asesinó a un centenar de niñas fue seleccionada por IA o un cerebro humano. Pero ante la forma que adquieren estas guerras aéreas, lo más probable es que haya sido una decisión robótica emitida por un algoritmo del Destacamento 201 de las fuerzas armadas norteamericanas, integrado por cuatro ejecutivos de empresas big tech graduados de apuro como tenientes coroneles de la Reserva del Ejército en cuatro semanas. Son Andrew Boz Bosworth -director de Tecnología de Meta, ladero de Mark Zuckerberg-; Shyam Sankar –mismo cargo en Palantir-; Kevin Weil –director de Producto de OpenAI- y Bob McGrew, exdirector de investigación de OpenAI y asesor en Thinking Machines Lab.

Este nuevo tipo de militares con dedicación part-time -120 horas al año a distancia- no abandonan sus cargos ejecutivos en las big tech y empuñan el mouse con fines guerreros sin exponer el pellejo: son el emergente de un nuevo complejo militar-industrial-digital con un poder económico y político sin precedentes.

Esto borra los límites de lo civil con lo militar. Y entre lo estatal y privado. Esta confluencia nació en la primera presidencia de Donald Trump, potenciada en la segunda por una problemática económica: los gigantes de la IA invierten miles de millones de dólares sin un horizonte de recuperación. Y ante la falta de un modelo de negocios, se entregan a suculentos contratos militares con el Estado.

Militares y corporativos a la vez

Los guerreros de Silicon Valley juraron el 13 de junio del año pasado como miembros del Executive Innovation Corps, oficialmente “diseñada para fusionar los conocimientos tecnológicos más avanzados, con la innovación militar”. La ceremonia fue en el cuartel Myer-Henderson cerca del Pentágono con los ejecutivos en uniforme camuflado por primera vez en su vida. Y como alcanzar el rango de teniente coronel requiere en general hasta 20 años de carrera, a nadie se le ocurrió explicarles lo obvio: que cuando el general Randy George los felicitara luego de jurar, debían responderle con el saludo militar. Dos de esos novatos olvidaron hacerlo: McGrew y Weil.

Todo esto podría haberse hecho con perfil bajo –incluso secreto– o nombrando a los ejecutivos como “asesores tecnológicos”. Pero darles un status militar es un mensaje político que, en paralelo, podría poner a las empresas a competir por ocupar un lugar que hasta hace poco, tendían a rechazar: preferían mostrarte más inocuas y no ser parte de una maquinaria para matar en forma pública.

Esto implica un giro notable: ¿otra barrera moral recién levantada? Unas treinta firmas tecnológicas flexibilizaron o abandonaron sus compromisos de seguridad ética desde 2023. OpenAI revirtió su prohibición de trabajar con fines militares. Un caso singular es Google: en 2018 miles de sus empleados protestaron contra el uso de algoritmos de la empresa para el Proyecto Maven del Departamento de Defensa de EE. UU. que lo aplicaba para estudiar imágenes que determinaban ataques con drones. Google terminó cancelando el contrato y se prohibió a sí mismo desarrollos con fines bélicos. Pero detrás vino Palantir y ocupó su lugar.

Peter Thiel, un CEOmercenario

El CEO de Palantir Technologies es Peter Thiel, un misógino que en su juventud en Sudáfrica apoyó el apartheid y por supuesto es libertario. Su empresa se especializa en análisis de big data por IA y es la principal contratista del Departamento de Defensa de EE. UU., habiendo colocado ahora a uno de los suyos en los dos lados del mostrador.

La IA de Palantir patrulló redes sociales en Minneápolis para ejecutar redadas masivas de inmigrantes. Además, todos miran hacia Thiel cuando se analiza el ataque a la escuela primaria iraní en Minab. Según una investigación del diario The Guardian, el bombardeo doble habría sido una falla en el sistema Maven operado con la IA de Palantir que toma decisiones instantáneas en el campo de batalla. Este crimen quizá pase a la historia de la tecnología como el primer infanticidio en masa cometido por una IA, la cual no podría comparecer ante un juzgado.

Queda claro que la glamorosa Silicon Valley que traería soluciones para todo y desarrollo económico global, ya es parte central de la maquinaria de guerra mundial: ¿quién hubiese dicho que el inocente Facebook creado para conectar gente dentro de un campus universitario, terminaría trabajando para la infraestructura de muerte más poderosa de la Tierra? Estamos ante el inicio de la fusión entre la élite tecnológica y el aparato militar.

La idea en EE.UU. es la de crear un “momento Oppenheimer” en el que la IA se incorpore a todas las tecnologías de guerra, de la misma forma en que aquel físico universitario fue reclutado para crear de urgencia la bomba atómica. En este caso, el objetivo mayor sería alcanzar la Inteligencia Artificial General (AGI) que supere a la humana y convertir a EE. UU. en la potencia total y absoluta, de carácter indestructible: esto último es ciencia ficción, de momento. Pero queda claro que esos militares están entreviendo una tecnología destructiva, acaso tan poderosa como la nuclear. Y no quieren que se les adelante China.

Alex Karp –CEO de Palantir– lo dijo con frialdad cuando un entrevistador le preguntó sobre la ilegalidad de la vigilancia mundial que ejerce su empresa y su uso para matar: «Solo hay dos culturas que van a ganar… vamos a ser nosotros o China… si no somos nosotros quienes controlamos la violencia, no dictaremos el estado de derecho».

Nada de todo esto es teoría especulativa ni apuesta a futuro. Los contratos militares de estas empresas ya son monumentales. Meta colabora con la empresa Anduril aportando cascos de realidad virtual aumentada de visión 360° para el combate: sirven para coordinar el lanzamiento de enjambres de drones.

Palantir provee el software Gotham que usa el Departamento de Guerra de EE. UUU. para la selección de blancos. Los contratos de Thiel lo ligan a los militares por 10.000 millones de dólares. OpenAI tiene contratos con el Pentágono por 200 millones de dólares y acaba de quedarse con los que tenía Anthropic, la cual se peleó con Donald Trump porque el uso militar de la IA Claude rompía las barreras éticas de la empresa, que se opone a la vigilancia de ciudadanos: Donald Trump llamó a Anthropic «empresa radical de izquierda y progresista“.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica anunció que “a partir de ahora, las principales organizaciones que participen en operaciones terroristas serán nuestros objetivos legítimos”. Se referían a este tipo de compañías, asumiendo que la guerra del siglo XXI se basa en datos y algoritmos que operan en un campo de batalla paralelo y virtual, donde todo se decide a la distancia mediante el software que analiza imágenes satelitales. Luego, el hardware pasa a la acción en campos de batalla difusos y fragmentados. Irán atacó centros de operaciones de Amazon y Oracle en plena ciudad, en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.

Los CEOmercenarios que programan robots asesinos en masa son tecnólogos tanáticos con libertaria falta de empatía: trabajan –un día en bermudas, otro de uniforme militar— ya casi sin barrera ética alguna para devorarse el mundo con presidentes psicopáticos en decadencia que gozan colocando al planeta al borde del colapso.

En este contexto emergen personajes “cívico-militares” como Sankar, Bosworth, Weil y McGrew –apenas la superficie de la maquinaria–, cínicos e inteligentes tecno-bros de universidad, indiferentes totales al asesinato de 100 niñas por un algoritmo programado con sus manos, si detrás hay un buen contrato.

Los datos argentinos en manos extranjeras

El primer acercamiento entre Peter Thiel y Javier Milei fue en 2024, cuando el empresario vino a la argentina a conocer el primer experimento libertario de la historia. Y ofreció sus servicios para “perfeccionarlo”. La continuidad del asunto quedó en manos de Patricia Bullrich, a quien le gustó la idea, que fue descartada por Karina Milei. Ahora todo parece avanzar mejor, en pos de unificar todas las bases de datos del Estado argentino, algo que está contemplado en el artículo 15 del decreto de la SIDE 941/25, que incluye crear la Comunidad de Inteligencia Nacional (CIN), cruzando información que va desde el ARBA al Renaper y otros organismos. Además de reunirse con Javier Milei, Thiel parece estar echando algún tipo de raiz en Argentina: se compró en tiempo record una mansión en Barrio Parque de 1600 metros cuadrados, por la cual pagó 12 millones de dólares, una de las operaciones más grandes en los últimos años en el segmento de casas premium. Y de paso, se fue de vacaciones familiares a Bariloche, alojándose en el hotel LLao Llao.

Fuente: P12

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