Milei inauguró las sesiones legislativas con fuertes críticas al kirchnerismo

El presidente emuló a Donald Trump en su discurso inaugural del año legislativo. Ante la falta de propuestas recurrió a la herencia recibida. Anunció más condenas para CFK.

 

Javier Milei desarrolló su discurso de inauguración del período de sesiones ordinarias del Congreso con un perfil similar al de su padre putativo de la política, Donald Trump. Con gritos, insultos, falacias y hasta amenazas, avisó de la profundización de la subordinación y sumisión con el mundo occidental. Un objetivo que planea concretar, según dijo, con la promoción de una reforma política que esconde una posible modificación constitucional, cambios en los código penal y civil y comercial, mayor coordinación entre las fuerzas de seguridad y la SIDE y hasta le avisó a Cristina Kirchner que será condenada en las otras causas judiciales con las que la persiguen. Fue un discurso violento, sin anuncio de medidas para contrarestar la crisis, donde el cambio cultural que promocionó está solo ligado a un concepto binario donde aquel que no acompaña es el enemigo. Lo dijo el propio Presidente y señaló a la bancada peronista.

La ausencia de propuestas para apaciguar la crisis fue el denominador común del discurso de hora y media que desarrolló y enfervorizado Milei. Recurrió, como en los discursos anteriores a señalar que el mal de la Argentina está en la herencia recibida. En esa línea la primera mentira fue cuando dijo que recibió un país con indicadores sociales similares a la crisis de la Argentina de 2001. Algo similar ocurrió cuando sobre el final del discurso dijo que si se desarrolla la minería a lo largo de la cordillera de los Andes, la Argentina sumaría un millón de trabajadores. Si hubiese sido un show de stand up lo aplaudía solo la familia.

El contenido del discurso y el show que montó Milei buscó, sin duda, desviar la mirada de lo que pasa en las calles y en las casas de los argentinos. Se jactó de haber triplicado en dólares el salario básico de los trabajadores. No dijo que eso representa 224 dólares, bastante lejos de los más de 700 que representaba el mismo salario en 2015.

Desconoció como un daño el impacto de la apertura indiscriminada de las importaciones y el consecuente cierre de empresas que deja trabajadores en la calle. “Cuando uno abre la economía, eso permite a los consumidores el ingreso de bienes de mejor calidad y a menor precio”, dijo y agregó que “si la empresa local no puede competir, quiebra y despide gente. Sin embargo, eso es una parte de la historia. La otra parte es que ahora el consumidor ahorra dinero al comprar el bien importado y ese dinero lo utilizará para comprar otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía”. Sobre el desempleado y su familia nada dijo ni nada hará.

Para Milei esta afirmación representó mejoras en las condiciones de vida de los argentinos y el que se oponga, lo dijo, no solo está en una vereda opuesta sino que es algo peor que un adversario: “Esto demuestra no solo la superioridad de nuestras políticas, sino que además el principio de revelación nos muestra quiénes son los enemigos de los argentinos”, dijo y señaló el sector donde estaban sentados los diputados y senadores del peronismo y también la izquierda. Una afirmación y señalamiento que en otros tiempos podía costar la vida.

Durante su discurso, que realizó ante un atril y un cajón sobre el que se paró y así parecer más alto, el Presidente no logró controlarse cuando desde las bancas opositoras le recordaron la causa Andis y el 3 por ciento en las coimas que -decía Diego Spagnuolo- iban al bolsillo de la hermana presidencial. “Saben que los audios son falsos, saben que el que declaró ya dijo que era mentira”, gritó desaforado y los acusó de ladrones: “Por eso tienen a su líder presa”, afirmó.

Luego de eso Milei lanzó una amenaza, de esas que el que las dice sabe lo que ocurrirá: “Y va a seguir presa por la causa de los cuadernos, va a seguir presa por el memorándum de Irán, va a seguir presa por lo que hizo con Vialidad, porque es una chorra”, dijo. A la derecha y atrás de Milei estaban sentados los tres supremos, Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, que pusieron cara de póker. La misma expresión usaron cuando Milei se refirió a la necesidad de modernizar el Poder Judicial.

La situación crítica del país no mereció ni anuncio de medidas que busquen paliar sus consecuencias. La única respuesta fue aferrarse a la herencia recibida hace ya dos lejanos años. “Tuvimos que encarar la estabilización de una sociedad al borde de la destrucción. Nuestra moneda nacional había sido destrozada por la emisión desenfrenada de dinero y un extenso historial de defaults soberanos”, dijo Milei para luego hacer referencia a endeudamientos externos que hunden más al país. El detalle es que no dijo nada sobre quién era el responsable de ese endeudamiento a pesar de que lo tenía sentado a metros. Se trataba del ministro de Economía, Luis Caputo.

Curiosamente el Presidente no hizo referencia a la guerra en la que está enfrascado su líder Trump junto a Israel contra la República Islámica de Irán. Algunos respiraron ante esta ausencia porque el alineamiento y el respaldo a las maniobras bélicas deja a la Argentina dentro de los límites de unos de los bandos de esta conflagración que acaba de iniciar.

De todas formas Milei reconoció la existencia de una nueva era a la que hay que sumarse. “Entramos a una nueva era de grandes naciones que compiten por asegurarse cadenas de valor verticales. Y en este mundo, cada vez más, partirán las aguas entre las naciones libres y las naciones sometidas”, dijo antes de confirmar que pondrá todos los recursos naturales de la Argentia al servicio de esta nueva era que encabeza Trump y su universo de intereses económicos.

“Tenemos los minerales críticos que necesita occidente, tenemos la energía: gas, petróleo, energía nuclear y energía renovable para abastecer cadenas de producción de escala. Tenemos tierra, agua y capacidad agroindustrial para garantizar la seguridad alimentaria del hemisferio. Y tenemos la ubicación: el extremo sur del continente, con salida a los dos océanos y presencia en la Antártida. Somos un eslabón natural de la cadena de valor estratégica de occidente”, afirmó.

Si faltaban afirmaciones que dieran cuenta de este alineamiento, el mandatario aseguró que la decisión de poner a la Argentina debajo de los pies de Estados Unidos dijo que “es hora de hacer de esto una política de Estado. Tenemos que crear el siglo de las Américas: Make Americas Great Again, de Alaska a Tierra del Fuego. Hagamos Argentina y América grandes nuevamente”, dijo y sus legisladores acólitos aplaudieron con el entusiasmo del que siente que recibirá beneficios de esta aventura.

Señaló como pilares de su gestión el control de gastos y la sequía de circulante para controlar la inflación. En rigor no prometió terminar definitivamente con este padecer, pero lanzó una serie de datos con los que reconoció que los planes sociales, que tanto tiempo cuestionó y prometió hacer desaparecer, los había incrementado de manera exponencial. “Gracias a la reasignación de partidas, la AUH aumentó en un 492,9% respecto al valor heredado en 2023. Incorporamos a 600.000 chicos a la AUH. Incrementamos en 137,5% la prestación Alimentar. Aumentamos más de 500% las becas Primera Infancia y más de 1.100% la prestación Primeros Mil Días”. Una frase que da cuenta de lo profundo de la crisis y de las necesidades que tienen los sectores más desprotegidos de la sociedad.

Milei dijo que se viene un cambio y que eso se expresará en el Congreso, por lo tanto, afirmó que todos los meses cada uno de sus ministros presentará un paquete de leyes que modifiquen “de manera estructural” la realidad de sus áreas de competencia. Esto es lo que puede considerarse como lo más cercano a un anuncio.

Finalizado el discurso, Milei hizo su rauda salida triunfal por avenida Callao, no sin antes detener su vehículo para bajar a saludar… a un caballo de los granaderos. Con las calles vacías de personas pero fuertemente custodiadas por efectivos de diferentes fuerzas de seguridad, tras los autos negros que trasladaron al mandatario y a su hermana se vio pasar otra caravana. Esta también era seguida por sirenas policiales bochincheras. Eran los diputados y senadores que estaban invitados a la cena de Olivos, prolijamente ordenados en combis blancas numeradas del 1 al 4.

Una escena que podría ser graciosa, de no ser por el lugar y el momento en que transcurrió, ocurrió luego en la entrada de la Quinta de Olivos. Se armó una verdadera congestión de tránsito con una larga fila de autos esperando a ingresar a la residencia presidencial, que provocó las quejas de los vecinos que intentaban circular por ahí. Es que en la entrada de la quinta un dudoso sistema de control obligaba a chequear uno por uno los nombres de los funcionarios y legisladores invitados, en base a una hoja impresa con sus caras.

La que no participó de este asado fue la vicepresidenta Victoria Villarruel que fue ignorada no sólo por Milei sino por los legisladores libertarios y hasta por las barras violetas. Ya nada queda de aquella vieja relación.

Fuente: P12

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